Hay libros que no te atrapan a la primera, pero que, años después, llegan justo cuando tenían que llegar. Y hay escritores que, sin que te lo esperes, terminan clavándose en tu corazón lector. A mí me ha pasado con Ray Loriga.
Aquí ando, haciendo los deberes gozosos para el JA! Festival de Bilbao, donde podré escuchar una conversación entre J. A. Ussía y Ray Loriga. Y, claro, tocaba leer a Loriga. ¿Por qué elegir un libro si podemos hacer un maridaje del mismo autor? 😂
Así que me lancé con Lo peor de todo, su primera novela, publicada en 1992, y Rendición, la ganadora del Premio Alfaguara de Novela de 2017.
Y aquí viene la confesión lectora: Rendición llevaba conmigo desde que ganó el premio. Cruzó el charco conmigo, llegó a mi librero y ahí se quedó. En su momento intenté leerlo, pero no consiguió engancharme.
Casi diez años después, volví a abrirlo.
Y esta vez sí. ¡Y cómo sí!
Así es el mundo lector: a veces no cambia el libro, sino el momento en el que lo encontramos. O quizá cambiamos nosotros, nuestras preguntas, nuestras inquietudes y hasta nuestra manera de mirar el mundo.
Rendición: cuando la violencia deja de sentirse tan lejana
Confieso que sigo bastante tocada por esta lectura.
Rendición nos sitúa en un mundo marcado por la guerra y nos lleva a una ciudad donde la promesa de seguridad y bienestar convive con el control, la pérdida de intimidad y la presión de adaptarse.
Y, aunque sea ficción, me resultó imposible no conectar algunas de sus ideas con el momento que vivimos.
No es que una sea dramática… Bueno, sí, un poquito. 😂 Pero también intento ser racional, y cada vez me inquietan más la violencia, la polarización y esa facilidad con la que los seres humanos podemos terminar justificando cosas terribles cuando creemos que estamos del lado correcto.
¿Qué nos pasa cuando dejamos de cuestionarnos? ¿Cuando el miedo se convierte en una herramienta para controlar? ¿Cuando el grupo, la causa o la ideología importan más que las personas?
Loriga consigue que estas preguntas no se queden en un debate abstracto. Te mete en la experiencia del protagonista y hace que avances por la historia sin tener demasiado claro hacia dónde te está llevando.
Y no voy a contar más, porque una de las grandes delicias de esta novela es precisamente descubrir cómo va cambiando y, sobre todo, llegar a ese final que yo no vi venir.
Ni de lejos. 😂
Lo peor de todo: memoria, heridas y supervivencia
Después llegó Lo peor de todo, la primera novela publicada por Loriga, y también la disfruté muchísimo.
A través de Elder, su protagonista, nos adentramos en una voz que recuerda, revive y trata de acomodar los fragmentos de su memoria mientras intenta seguir adelante.
Hay heridas que no desaparecen porque una decida dejar de mirarlas. A veces se quedan ahí, mezcladas con los recuerdos, con lo que fuimos y con todo aquello que todavía intentamos entender.
Y me gustó mucho acompañar a Elder en ese recorrido. Hay algo profundamente humano en esa necesidad de volver sobre nuestra propia historia para intentar darle algún sentido, aunque no siempre encontremos las respuestas que buscamos.
Ray Loriga y esa literatura que se siente en las entrañas
Aquí viene una confesión de simple aficionada a la lectura —muy básica, por cierto—: cuando leo a algunos escritores españoles, suelo reconocer una enorme elegancia narrativa, una prosa fina y una contención que admiro.
Pero con Ray Loriga sentí algo diferente.
Sentí ese desbloqueo que a veces necesitamos como lectores. Volví a experimentar la literatura con todo el cuerpo, a sentir las palabras, a encontrar esa entraña humana que tanto disfruto cuando un libro consigue atravesarme.
No necesito que todas las lecturas me hagan sentir así. Hay libros que disfruto por sus ideas, otros por su lenguaje y otros porque me llevan a lugares que jamás habría imaginado.
Pero cuando una novela consigue juntar todo eso y, además, te deja pensando en el mundo que habitas, pues… ¿qué quieren que les diga? Una sale ganando. 😂📚
Ray Loriga se me ha clavado en el corazón lector. Me ha encantado descubrirlo de esta manera y me ha recordado algo que cada vez valoro más: leer también consiste en volver a intentarlo, cambiar de perspectiva y permitir que un libro nos encuentre en otro momento de la vida.
Ahora sí, estoy todavía más emocionada por el JA! Festival. Ya les contaré qué tal la experiencia de escuchar a Loriga hablar de su obra.
Y ustedes, cuéntenme:
¿Les ha pasado que un libro que no consiguieron terminar o disfrutar en su momento se convirtió, años después, en una lectura que les dejó huella?
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