Hay libros de cientos de páginas que se olvidan rápido y hay libritos de 57 páginas que te dejan mirando al techo preguntándote qué acaba de pasar. Mendel, el de los libros, de Stefan Zweig, pertenece claramente a la segunda categoría.
Stefan Zweig es, sin duda, uno de mis escritores favoritos. Si alguien quiere acercarse a una literatura elegante, precisa y profundamente humana, Zweig siempre está ahí esperando.
Esta novela corta cuenta la historia de Mendel, un hombre entrañable cuya vida gira alrededor de los libros y de una memoria prodigiosa. Pero también es el retrato de una época marcada por una de las mayores tragedias de nuestra historia.
Lo leí antes de irme a dormir.
Error. 😂
No sé si fue la mejor decisión porque terminé llorando muchísimo y con ese pequeño pinchazo en el corazón que dejan algunas historias cuando consiguen tocar algo muy profundo.
Y, sin embargo, creo que precisamente por eso es un libro tan necesario.
Zweig consigue recordarnos, en apenas unas páginas, algo que nunca deberíamos olvidar: la crueldad a la que puede llegar el ser humano cuando la intolerancia, el fanatismo y la estupidez toman el lugar de la razón y de la empatía.
Mendel es mucho más que un personaje entrañable. Es también una forma de recordarnos que detrás de las grandes tragedias históricas siempre hay personas concretas, vidas que desaparecen y pequeñas historias que quizá nunca llegan a los libros de historia.
Por eso, aunque me rompió un poquito el corazón, terminé agradeciendo haberlo leído.
Hay libros que entretienen. Otros enseñan. Y algunos hacen ambas cosas mientras te dejan llorando en la cama a una hora absolutamente innecesaria. 😂
Una joya de libro.
¿Han leído alguna obra corta que les haya dejado una huella mucho más grande de lo que esperaban?
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