Hay libros que te cuentan una historia y hay otros que, además, consiguen que cierres sus páginas y te pongas a investigar qué demonios está pasando en el mundo. La hermana de Soledad, de José Dalisay, fue de esos.
Esta fue mi primera vez leyendo a un escritor filipino y la verdad es que disfruté muchísimo la experiencia.
La novela parte de una premisa que ya resulta difícil de ignorar: Dalisay cuenta que una de las razones que lo llevaron a escribirla fue conocer el dato de que cada año llegan al aeropuerto de Manila cientos de cadáveres de trabajadores filipinos que regresan desde el extranjero.
A partir de ahí construye una historia sobre la diáspora filipina, la migración y las consecuencias de buscar una vida mejor lejos de casa.
Y hay algo que me gustó especialmente: la manera en que combina una realidad bastante dura con momentos de absurdo y un humor muy fino. Porque sí, hay tragedias que resultan tan absurdas que casi parece imposible contarlas sin cierta ironía.
La novela puede sentirse un poco enredada por momentos, pero tiene algo que para mí siempre suma puntos: consigue mantenerte pendiente, con esa sensación de «¿y ahora qué demonios va a pasar?». 😂
Pero quizá lo que más agradezco de esta lectura es que me hizo querer saber más.
Aprendí un poquito sobre Filipinas, sobre su historia y sobre la enorme cantidad de personas que salen del país para trabajar en otros lugares. Y también terminé pensando en algo que, tristemente, no resulta tan lejano para quienes venimos de países donde la corrupción y la desigualdad forman parte de la conversación cotidiana.
Porque cuando un Gobierno falla, las consecuencias no aparecen solamente en los periódicos o en las estadísticas. Tienen nombres, familias, sueños y, a veces, terminan regresando en un ataúd.
Y quizá ahí está una de las cosas que más me gustan de leer literatura de otros lugares: descubrir que, aunque cambien el idioma, la cultura y el continente, algunas de nuestras contradicciones se parecen demasiado.
La hermana de Soledad me dejó con ganas de conocer más sobre Filipinas y con una de esas preguntas incómodas que no se resuelven al cerrar el libro:
¿Cuántas de las tragedias que vemos como estadísticas dejarían de parecernos números si conociéramos sus historias?
¿Han leído literatura filipina o algún libro que les haya llevado a investigar un país del que sabían muy poco?
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