¿Puedes sentirte huérfana con tus padres vivos?
Cómo llegué a este libro
Llevaba meses inscrita en un club de lectura virtual al que nunca había podido unirme. Horarios, vida adulta, burocracia del día a día — ya sabes cómo funciona eso. Pero en esta ocasión decidí que sí. Me entusiasmó especialmente saber que participaría la propia autora.
Compré el libro y me llegó justo la misma semana del club. Pensé que no tendría tiempo de leerlo. Pero el libro tenía otros planes: traía como un imán, quería ser leído, y al final me encontré con él en la mano mucho antes de lo que esperaba.
Lo que no anticipaba era lo que me iba a hacer por dentro.
De qué trata Las huérfanas
Las huérfanas es un libro de memorias en el que Melba Escobar explora algo que pocas veces se nombra con tanta honestidad: la orfandad emocional. No la de quien pierde a sus padres físicamente, sino la de quien los tiene presentes y aun así se siente sola, sin referencia, sin historia propia bien contada.
Escobar es hija de una madre española y un padre colombiano, y esa mezcla cultural —rica, compleja, a veces contradictoria— es el territorio que recorre en el libro. Pero más allá de las coordenadas geográficas, lo que le interesa a la autora es algo más universal: los secretos familiares que nadie abre, los silencios heredados, la dificultad de hablar de los padres —y especialmente de las madres— en la literatura y en la vida.
Y luego está la memoria. Ese narrador poco fiable que todos llevamos dentro, que altera los recuerdos sin avisarnos, que construye versiones de nuestra historia que son verdad y mentira al mismo tiempo. Escobar lo examina con una honestidad que incomoda y libera a partes iguales.
La herida que me abrió
Este libro me llevó a mi propia orfandad. Me espejó en momentos que no esperaba, con palabras que me taladraban el corazón, con una historia que no es la mía y que no se parece a la mía, pero que está tejida con el mismo hilo de la pérdida.
Eso tiene la buena literatura: no necesita que tu historia sea igual a la del libro para que te reconozcas en ella. Basta con que compartan el mismo hilo emocional.
Y luego hay algo que me atreví a pensar mientras leía — algo que quizás incomoda pero que creo que es verdad: la mayoría de nosotros no somos producto del amor ni de un proyecto de pareja consciente. Somos producto de la circunstancia, del deber ser, de tiempos que mandaban cosas muy distintas a lo que hoy conocemos. Escobar lo toca sin moralizarlo, y eso, para mí, es uno de los mayores valores del libro.
La valentía de escribir desde la propia historia
Hay algo que valoro profundamente en los escritores que se atreven a hablar desde sus historias personales: el acto de desprenderse de ellas para regalárnoslas a nosotros, los lectores. Es un gesto generoso y arriesgado al mismo tiempo.
Melba Escobar lo hace con una lucidez que no pretende tenerlo todo resuelto. No es el relato de alguien que superó su historia y viene a contarnos cómo. Es el relato de alguien que todavía la está mirando, que le está dando forma con las herramientas que tiene — el lenguaje, la memoria, la escritura —, y que comparte ese proceso en lugar de guardárselo.
Eso, para mí, es exactamente para lo que sirve la literatura: para sentirnos menos solos. Para reconocernos en historias ajenas. Para descubrir que lo que creíamos muy nuestro, muy particular, muy difícil de explicar, también vive en otros.
La joya inesperada: el club de lectura
Más allá del libro en sí, hay algo que quiero contar porque fue una de las experiencias más bonitas de estos últimos meses: la sesión del club de lectura.
Hacía mucho que no encontraba un espacio así — con aportaciones tan valiosas, tan sentidas, tan latinoamericanas. Quizás porque la mayoría de quienes participaron habían crecido en Latinoamérica, todo lo que compartían lo sentía como mío. Cada perspectiva añadía una capa nueva al libro. Y cuando Melba respondía, yo también me veía ahí.
Fue un apapacho enorme para el alma. De esos que no esperas y que te recuerdan por qué los libros y las conversaciones que generan son tan necesarios.
Si tienes la oportunidad de participar en un club de lectura — presencial o virtual — te lo recomiendo con todo. No solo lees el libro: lo vives de otra manera.
¿Para quién es Las huérfanas?
Para quien haya sentido alguna vez que su historia familiar tiene más preguntas que respuestas. Para quien lleve secretos heredados que nunca se nombraron. Para quien quiera entender qué hace la memoria con los recuerdos y por qué a veces ya no sabemos qué es verdad y qué construimos después. Para quien ame la literatura que no pretende tenerlo todo resuelto sino que te acompaña en la incertidumbre.
Y para quien, como yo, necesite de vez en cuando que un libro le diga: no estás sola en esto.
¿Has leído a Melba Escobar? ¿Hay algún libro que te haya abierto una herida que creías cerrada? Cuéntame en los comentarios. 📚🫶🏽
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