Reseña literaria · Café de especialidad · Mindfulness
¿Y si tomar café fuera, en realidad, un acto de gratitud?
Llevo un tiempo en un enamoramiento profundo con el café. Y como esta cabecita obsesiva necesita explicaciones para todo, era inevitable que ese amor llegara también a los libros. Los libros sobre café han empezado a llegar a este hogar, y me siento muy feliz de que el primero que elegí haya sido el mejor acierto posible.
Café sensible (2024), del escritor belga Kim Ossenblok, llegó en el momento exacto. Y lo que encontré en sus páginas no fue solo información sobre café: fue una manera completamente distinta de relacionarme con algo que ya amaba.
Un libro que va mucho más allá de la taza
Lo primero que hay que decir sobre Café sensible es que no es un libro sobre cafeína ni sobre variedades de grano. Es un libro sobre gratitud, sobre presencia, sobre la capacidad de disfrutar de los regalos que la naturaleza nos da si aprendemos a recibirlos con atención.
Ossenblok nos invita a ver el café como lo que realmente es: el resultado de un proceso largo y delicado en el que hay decenas de manos involucradas. Agricultores, recolectores, tostadores, baristas. Cada taza esconde eslabones invisibles que merecen ser valorados. Y ese es, precisamente, el punto de partida del libro: antes de beber, reconocer.
Eso conectó conmigo de una manera que no esperaba.
El café como regalo que no quiero contaminar
El café, para mí, es de esos placeres que no quiero mezclar con nada. Sin azúcar. Sin leche. Sin pantallas ni prisas. Solo yo, mi tacita, y todos mis sentidos despiertos y disponibles.
Ese es el espíritu que recorre todo el libro: la idea de que el café de calidad merece una atención de calidad. Que saborear bien no es un lujo, sino una forma de respeto —hacia el producto, hacia quienes lo hicieron posible y hacia una misma.
Ossenblok lo explica con una claridad y una calidez que hacen que cada página se lea como una conversación entre amigos. Sin tecnicismos innecesarios, sin pedantería. Solo una invitación genuina a experimentar el café de otra manera.
Lo que más amé: descubrir el poder de mi propia sensibilidad
Hay algo que este libro me reveló y que no voy a olvidar: mi sensibilidad es tan poderosa como para hacerme disfrutar profundamente de algo tan cotidiano como una taza de café.
Eso parece simple. Pero para mí fue una revelación.
Vivimos en una cultura que a veces trata la sensibilidad como un defecto, como algo que te hace demasiado intensa, demasiado difícil. Y aquí llegó este libro a recordarme que esa misma sensibilidad —la que a veces me complica la vida— es también la que me permite disfrutar de las cosas con una profundidad que no todo el mundo experimenta.
Eso, Ossenblok, gracias.
Mi ritual del café, después de leer Café sensible
Desde que terminé el libro, cada taza de café tiene una ceremonia propia. No es complicada ni requiere equipamiento especial. Solo requiere presencia.
Así es mi ritual:
Respiro de manera consciente antes de empezar. Cuido mi postura —el cuerpo relajado, abierto a recibir. Me permito cerrar los ojos unos segundos. Los abro lentamente. Acerco la taza a la nariz y huelo el aroma con calma, sin prisa. Doy el primer sorbito, lo paso por toda la lengua y observo cómo va activando diferentes zonas, cómo las notas aparecen una a una. Disfruto del silencio. Intento no traer pensamientos a mi cabeza —solo estar ahí, presente, con mi café.
Y luego dejo que se enfríe un poco. Porque los cafés de especialidad cambian con la temperatura: lo que es una nota a 70 grados es otra completamente distinta a 50. Y esas sorpresas, cuando uno aprende a esperarlas, son pequeñas alegrías.
Amo mi ritual. Y Café sensible me lo regaló.
¿Para quién es este libro?
Para quien tome café todos los días y nunca se haya preguntado de dónde viene ni qué hay detrás. Para quien ya ame el café de especialidad y quiera profundizar en su relación con él. Para quien busque incorporar más presencia y consciencia en los pequeños momentos del día. Y para quien necesite que alguien le recuerde, con suavidad y con criterio, que los placeres sencillos merecen atención.
En resumen: para casi todas las personas que conozco.
¿Tienes algún ritual cafetero? ¿Algo que hagas cada mañana para que ese primer sorbo sea tuyo, solo tuyo? Cuéntame en los comentarios. Me encanta leer estos rituales. ☕🫶🏽
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