A esta edad, una de las cosas que más valoro es la gente que sí cuida los vínculos… incluso por WhatsApp 🫠📱🫀
Y sí, lo voy a decir aunque suene absurdamente intenso:
amo a la gente que contesta los mensajes.
En mi etapa de alto voltaje emocional en la que ando, mi listón para las amistades es muy claro: quiero gente que cultive el vínculo. Que cuando le escribes, te contesta. No de inmediato — entiendo que todos andamos en mil cosas —, pero que contesta.
Porque mantener una amistad también implica compromiso.
Implica tiempo.
Implica ganas.
Y en este mundo donde todos vivimos diciendo que estamos “ocupadísimos”, contestar un mensaje también puede ser una forma de decir: “me importas”.
Yo soy de las que no se van a la cama sin contestar un mensaje o, al menos, sin avisar que se tardará. No porque sea perfecta — soy intensísima y lo sé —, sino porque me parece básico. Cortesía. Respeto al otro.
Tengo un amigo con un trabajo brutalmente demandante que nunca, nunca, me ha dejado en visto. Y cada vez que me escribe me da una ternura enorme, porque siempre empieza igual: “Hola, Lucero.” Así, con nombre. Con saludo. Con intención.
Eso es elegancia. De la de verdad.
Y tengo un grupo de mujeres maravillosas en una zona horaria distinta que, aunque están ocupadísimas, siempre están ahí. Porque saben — sabemos — que las relaciones a distancia se vuelven líquidas si no les ponemos intención. Y que el WhatsApp, usado con cariño, es un hilo que sostiene.
Venga, necesitamos presencia real dentro de lo virtual; retomemos la cortesía y cultivemos el vínculo si es algo que nos interesa…
Así que si estás leyendo esto y somos de las que se contestan: gracias. De verdad. 🫶🏽
¿Seré la única intensa? 🤔😎🫢🫣
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