¿Quién no ha regresado a sus orígenes a golpe de tenedor…?
—Andoni Luis Aduriz
Creo que No sé y otras certezas, de Andoni Luis Aduriz, será uno de mis libros favoritos de este año. Y no porque me haya dado respuestas, sino porque consiguió algo mucho más interesante: hacerme detener, pensar y, sobre todo, cuestionarme.
Nunca imaginé que un libro sobre alimentación me llevaría a tantas reflexiones. Lo leí despacio, como quien disfruta de un buen menú y no quiere que llegue demasiado pronto el último plato. Supongo que algo de eso tiene la cocina de Aduriz, uno de los chefs más reconocidos de España y responsable de Mugaritz, uno de los restaurantes más influyentes de la gastronomía contemporánea, al que todavía tengo pendiente hacer una visita.
Pero volvamos al libro.
Comer es uno de los actos más cotidianos de nuestra vida. Lo hacemos por necesidad, por placer, por costumbre y por celebración. Sin embargo, detrás de cada alimento hay una historia mucho más grande de lo que imaginamos.
La comida habla de nuestra identidad, de nuestras raíces, de la cultura que heredamos y de la sociedad que construimos. También nos enfrenta a preguntas sobre el medioambiente, la ética, el consumo, la tradición y nuestra relación con otros seres vivos.
Y aquí hay algo que me hizo pensar especialmente: el valor del mestizaje en la gastronomía.
Gran parte de lo que hoy consideramos esencial en las cocinas de países como México y España es fruto de siglos de intercambios culturales, ingredientes que viajaron de un continente a otro, conocimientos que se compartieron y tradiciones que se transformaron.
Pensemos en ello: ¿cómo serían nuestras mesas sin esos encuentros? Ni la cocina mexicana ni la española tendrían la riqueza y diversidad que hoy conocemos sin las aportaciones de otras culturas. El mestizaje también se cuenta a través de los ingredientes, las técnicas y los sabores que hoy sentimos como propios.
Aduriz invita a mirar la alimentación desde una perspectiva mucho más amplia. A dejar de verla únicamente como una necesidad biológica o una experiencia gastronómica y entenderla como un fenómeno profundamente humano, cultural y social.
Y eso fue lo que más disfruté: descubrir cuántas preguntas caben en algo tan cotidiano como sentarse a comer.
Este libro me sacudió más que muchos de esos manuales de salud y autoayuda que prometen enseñarnos a vivir mejor. No porque ofrezca fórmulas mágicas, sino porque despierta la curiosidad y te recuerda que siempre hay algo nuevo que aprender, incluso sobre aquello que creemos conocer de toda la vida.
Cerré sus páginas con una lista de libros por comprar, temas por investigar, ingredientes por probar y recetas por experimentar. Vamos, que mi lista de pendientes salió bastante más alimentada que yo. 😂
No sé y otras certezas es una invitación a mirar de otra manera algo que hacemos todos los días. Porque quizá comer también sea una forma de conocernos, de entender de dónde venimos y de preguntarnos qué mundo estamos construyendo con nuestras elecciones.
Y ahora les pregunto: ¿alguna vez se han detenido a pensar cuántas culturas, historias y encuentros hay detrás de uno de sus platillos favoritos?
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