A veces un país entero no necesita un milagro; necesita un motivo para volver a ilusionarse. ⚽🇲🇽
Hace años que vivo lejos de México. El día que me fui lloré todo el vuelo. Juraba que solo serían dos años. La vida tenía otros planes.
Y, aunque hoy soy muy feliz donde vivo, hay un dolor que nunca se ha ido: ver cómo el país que amo sigue enfrentando tanta violencia, corrupción, polarización y tantas familias viviendo pérdidas imposibles de imaginar. Mi corazón mexicano sigue doliendo.
Por eso este Mundial me ha movido tanto.
No solo por los resultados, sino por volver a ver a una selección jugando con humildad y corazón; por un chico de 17 años ilusionando a todo un país; por escuchar Cielito Lindo, volver a bailar La Chona y ver a miles de personas abrazándose como si, por un momento, todo lo demás pudiera esperar.
Hay algo que siempre he pensado: la intensidad con la que celebramos los mexicanos solo se entiende cuando conoces la intensidad de las heridas que también cargamos. Quizá por eso nuestras fiestas son tan grandes. Porque, muchas veces, la alegría también es una forma de resistir.
Octavio Paz escribió que México había que vivirlo para entenderlo. Y yo sigo creyendo que tenía razón.
No sé si este sueño termine el domingo o si todavía nos regale algunos días más. Pero agradezco profundamente que, aunque sea por un instante, millones de mexicanos hayamos vuelto a compartir algo que no fuera miedo, enojo o tristeza.
Porque la neta somos capaces de todo con tal de sentir tantita alegría. Y, aunque sea por unos días, qué bonito volver a creer…
¿Y si sí? 🇲🇽🫶🏽
Y si quieres seguir la conversación, encuéntrame en Instagram: @alto_voltaje_emocional