Hay libros que no eliges. Que simplemente aparecen.
La semana pasada tuve uno de esos días en que no me reconocía. La montaña rusa hormonal a tope, sin energía para casi nada, sin ganas de gran cosa. Sé que las cosas se complican de verdad cuando ya no tengo ni fuerzas para leer — que es mi refugio de siempre —, y ese día había llegado a ese punto.
Estaba acomodando libros casi en piloto automático cuando me encontré con este. Pequeño. Manejable. Lo abrí sin pensarlo demasiado.
Y me dejó sin palabras.
Quién fue Oliver Sacks y qué es Gratitud
Oliver Sacks (1933-2015) fue uno de los neurólogos más importantes y más queridos del siglo XX, conocido tanto por su rigor científico como por su capacidad para escribir sobre la mente humana con una cercanía y una humanidad poco frecuentes en la literatura médica.
Gratitud es una compilación de cuatro ensayos breves que Sacks escribió a partir de 2013, cuando le informaron que el melanoma ocular que había padecido diez años antes había generado metástasis. El diagnóstico era claro: le quedaban aproximadamente seis meses de vida.
Lo que siguió fueron sus últimas reflexiones. Sus últimas palabras escritas. Sus últimas confesiones sobre lo que significa haber vivido.
Leer eso — sabiendo lo que sabes, sosteniendo ese contexto en la cabeza mientras lees — es una experiencia muy particular. Sacudidora, en el mejor sentido de la palabra.
Mi primer encuentro con Oliver Sacks
La primera vez que leí a Sacks fue con El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, uno de sus libros más conocidos, donde recoge casos neurológicos extraordinarios narrados con una sensibilidad que va mucho más allá de la medicina. Fue uno de los primeros libros que me hicieron reflexionar sobre mi propia mente: sobre cómo funciona, sobre lo frágil y lo resiliente que puede ser, sobre lo poco que entendemos de todo lo que ocurre dentro de nosotros.
Gratitud me hizo algo distinto. No me hizo pensar en mi mente — me hizo pensar en mi vida entera.
Lo que tiene este libro que no tiene casi ningún otro
Gratitud se lee en aproximadamente una hora. Es pequeño, breve, denso en el mejor sentido. Y sin embargo, es un libro que te hace pausar constantemente — no porque sea difícil de entender, sino porque cada párrafo pide que te detengas a procesarlo antes de seguir.
Sacks escribe desde un lugar muy particular: el de alguien que sabe que se va y que ha decidido mirar ese hecho de frente, sin evasión y sin dramatismo innecesario. Hay una claridad en su escritura que resulta casi extraña dado el contexto. Y hay unas confesiones — momentos de vulnerabilidad pura, de honestidad descarnada — que me hicieron llorar mucho. Mucho.
Pero cuando terminé el libro, sentí algo que no esperaba encontrar: una paz profunda. Una calma que se instala despacio y que se queda.
Creo que es la misma paz con la que él se fue de este mundo. Y creo que eso es, en sí mismo, uno de los regalos más grandes que puede hacer un libro.
Por qué leerlo en los días difíciles
No voy a decir que Gratitud te resuelve nada. No lo hace. No viene con respuestas ni con fórmulas ni con los pasos que debes seguir para sentirte mejor.
Lo que hace es algo más sutil y más duradero: te recuerda lo que importa. Te coloca frente a alguien que está contando sus últimos días y que, en lugar de lamentarse, elige la gratitud. No como postura ni como performance — sino como conclusión genuina de una vida vivida con mucha intensidad y mucha conciencia.
En un día difícil, leer eso acomoda algo dentro de ti que estaba descolocado. No lo cura — pero lo acomoda.
Y a veces eso es suficiente.
Una hora de lectura que dura mucho más
Si hay un libro que recomendaría sin dudar para los días en que ya no te reconoces, en que la energía está por los suelos y el mundo parece demasiado grande, ese es Gratitud.
No porque sea fácil — hay momentos que duelen. Sino porque cuando lo terminas, sales de él siendo, de alguna manera, un poquito más tú.
¿Has leído a Oliver Sacks? ¿O hay algún libro pequeño que hayas encontrado justo cuando más lo necesitabas? Cuéntame en los comentarios. 📚🫶🏽
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