¿Alguna vez has tenido la sensación de que un libro no lo elegiste tú, sino que él te eligió a ti?
Libro: La mujer incierta (2024)
Escritor: Piedad Bonnett (Colombia- 1951)
Eso me pasó con La mujer incierta (2024), el más reciente libro de la escritora colombiana Piedad Bonnett. Lo leí en los días previos a escucharla en vivo en un festival literario —algo que reorganizó toda mi agenda semanal sin dudarlo—, y lo que encontré entre sus páginas no fue solo literatura. Fue reconocimiento. Fue consuelo. Fue una mano tendida desde el otro lado del papel.
La conocí hace un año, casi por casualidad. Desde la primera página sentí una opresión en el pecho, un corazón latiendo distinto, la certeza de que alguien te lee por dentro antes de que tú te hayas leído a ti misma. Después llegó Lo que no tiene nombre, el libro donde habla del suicidio de su hijo. Salí destrozada. Y fue esa misma experiencia la que me llevó, sin dudarlo, a abrazar La mujer incierta en cuanto pude.
Un libro que se lee como una conversación
La mujer incierta es un libro de memorias y autoexamen. Bonnett recorre su vida —sus miedos, sus dolores, su cuerpo, su manera de habitar el mundo— con la honestidad descarnada que caracteriza toda su obra. No es una autobiografía clásica: es algo más íntimo y más libre. Una conversación larga con una misma, en voz alta, que el lector tiene la suerte de escuchar.
Escribe sobre la melancolía, los ataques de pánico, el duelo, la relación con el cuerpo y la comida, la huella de la clase social, el desarraigo, la sensibilidad como don y como condena. Y escribe, con una lucidez que corta el aliento, sobre envejecer. Sobre ese desasosiego crónico que nos habita y que va cambiando con los años.
“Ese desasosiego crónico que nos habita y que va cambiando con los años.”
— Piedad Bonnett, La mujer incierta
Una frase. Y de repente tienes nombre para algo que llevas toda la vida sintiendo sin poder describir. Eso es Bonnett.
Lo que me rompió y lo que me recompuso
Estoy en una etapa de mi vida donde envejecer me sacude. Tengo preguntas que antes no me hacía y un miedo enorme al porvenir. Siempre me ha fascinado la gente mayor que yo —sus cicatrices, lo que han aprendido y aún cargan—, quizás porque busco en ellos algo que todavía no tengo: perspectiva, calma, la certeza de que la vida sigue aunque duela.
Leer a Bonnett fue exactamente eso. No porque ofrezca fórmulas ni consuelos fáciles —su escritura no concede ninguna salida cómoda—, sino porque saber que alguien más se habita como yo, que compartimos dolores y silencios y preguntas, me hizo sentir menos extraña. Menos sola.
Eso, a veces, es suficiente. A veces, es todo.
¿Para quién es este libro?
Para quien esté en una etapa de preguntas más que de respuestas. Para quien sienta que envejecer le sacude más de lo que le calma. Para quien haya sentido alguna vez que siente demasiado y no sabe qué hacer con eso. Para quien necesite saber que no está sola en sus miedos, en su melancolía, en su manera extraña de habitar el mundo.
En resumen: para casi todos….
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